La ruta del plástico: Así se reciclan las botellas en el Perú

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El impacto del plástico en el ambiente es conocido. El mejor ejemplo es la isla de plástico que se encuentra en el océano Pacífico, entre los estados estadounidenses de Hawái y California. Sin embargo, en el Perú se ha logrado reciclar plásticos de uso cotidiano de manera industrial. Una nueva forma de enfrentar la contaminación de los mares. Así lo califica Miguel Chávez, administrador de la planta de reciclaje de la empresa Recicloplast.

La planta de reciclaje, ubicada en el Callao, cerca al óvalo Centenario, viene trabajando cinco años en el reciclaje de botellas de plástico (polietileno tereftalato), más conocido como PET. “Todos somos conocedores de la crisis climática que vivimos como la isla de plástico que tenemos o los rellenos sanitarios saturados en la ciudad. Ante eso, el reciclaje es una forma importante y contundente para cuidar el medio ambiente”, dice Chávez.

La planta de reciclaje pertenece a la empresa Pamolsa. Ricardo Echegaray, gerente general, señala que la planta recicla hasta 220 toneladas de botellas de plástico al mes, cifra equivalente a 200 camiones repletos de botellas sin comprimir.

La empresa trabaja directamente con proveedores grandes de las botellas plásticos, quienes les brindan grandes bloques de botellas comprimidos para que posteriormente, en la planta, se reciclan.

“Los pequeños acopiadores van a unos acopiadores medianos, y luego estos medianos van a unas más grandes, quienes hacen un tema de segregación y nos lo entregan a nosotros”, explica Echegaray.

Entre los productos que se derivan del reciclaje de las botellas plásticas se encuentran empaques para almacenar alimentos frescos como las bases y domos donde se colocan las ensaladas frescas y las tortas en los supermercados.

“El plástico reciclado también se usa para empacar las exportaciones de fruta desde el Perú, como uvas o arándanos, que van en empaques de PET, que antes se importaban de Chile u otro país”, comenta Echegaray.

En la planta de reciclaje no se desperdicia nada. “Los residuos que nosotros generamos en nuestros procesos, además de las etiquetas que encontramos, lo vendemos a empresas que también reciclan este tipo de resinas”, menciona Chávez.

Chávez finaliza que industrializando el proceso de reciclaje, se apoya creando un mercado consumidor a los pequeños recicladores que van de casa en casa recogiendo los plásticos, los cuales superan los 100,000 a nivel nacional.