El perseguido

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El personaje al que nos referimos empezó su campaña no tan subliminal hablando de un golpe de estado, luego de una persecución política, por lo tanto pidió “asilo democrático” y finalmente denunció un “chuponeo montesinista”, luego de patinar tres veces no es fácil creer el último cuento, debemos recordar la fábula del pastorcito y el lobo; Toledo fugó apenas se inició una investigación, y a la vez que reconocía tácitamente su culpabilidad dijo que existía una persecución política y que en la Fiscalía existía una mano negra contra él; otro ex presidente, Humala, purgó detención y también habló de la misma persecución política; cuando el Fiscal Pérez allanó un local político partidario otra vez se recurrió a lo mismo y más cuando dispuso prisión preventiva a algunos miembros, es un término demasiado manoseado, una investigación es un hecho judicial y legal y no puede ser llamado de este modo.

La última salida de Alan García del chuponeo telefónico se cae por sí sola, a Hinostroza, a los miembros de los cuellos blancos de Tacna, se les realizó interceptación telefónica sin necesidad de ponerse en las puertas de la casa; lo que sería torpe o una provocación también torpe, y después que el secretario de Alan había pedido protección al Ministerio, se sospecha una trampa; la llamada “persecución política” es una frase de defensa que no tiene contenido real, un estado de derecho no permite que la fiscalía haga política con sus decisiones; más bien la denuncia suena a temor a la investigación, la cual por desgracia es a veces demasiado lenta para unos y demasiado rápida para otros, situaciones que suelen ser cuestionadas.

Un político o un funcionario público puede ser investigado por peculado, además por tráfico ilícito de drogas, por corrupción, por lavado de activos, por crimen organizado y hasta por tocamientos indebidos, lo cual no puede ser considerado como “persecución política” tan alegremente, el hecho que la Fiscalía investigue a dichos personajes sin excluir a los Presidentes de la República y que aplique medidas fuertes para impedir que evada a la justicia no hace que dicha investigación sea una medida política.

Paradójicamente la percepción de persecución política se basa en los hechos que explotaron en julio, que desprestigiaron aún más a nuestra ya poco respetada justicia, es decir que se sometía ante la posibilidad de forzar sus decisiones cuando hay dinero de por medio, consecuentemente con mayor razón cuando hay un poder de por medio; el Tribunal Constitucional bien claro ha manifestado la división de poderes en el Perú, la cual es típica de naciones totalitarias tipo Venezuela con la cual han querido comparar la situación actual del Perú, comparación que no resiste un análisis; Uruguay cuya tradición comprensiva en lo referente a asilos también lo ha ratificado, a pesar que inicialmente hubo sin duda acuerdos previos ya que el embajador de dicha nación forzosamente antes de aceptar al huésped Alan García tuvo que consultarlo, y luego del análisis concluyeron que no era un perseguido político.