La corrupción y el crecimiento

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Perú creció el 2019 en 2.19 %, el 2018 3.99 %, son cifras que afectan la credibilidad de cualquier gobierno, más si las comparamos con las precedentes, ya que con Toledo crecimos 4.8 % en promedio y con Alan García 6.9 % y en el gobierno de Humala un 4.2 %.

Un análisis somero nos diría que en consecuencia el gobierno de Alan García fue mejor que los de Ollanta, Toledo, PPK y Vizcarra, e incluso son cifras que superan las de los países del entorno, incluyendo nuestros referentes Chile y Colombia; en primer lugar los factores externos estuvieron a favor de Alan García especialmente los precios de minerales de los cuales dependemos, por otro lado Fujimori dejó sentadas las bases económicas para quienes le siguieron, disciplinados económicamente; la experiencia del primer gobierno del APRA fue todo lo contrario a la del segundo.

El año 2011 empezó la desaceleración económica mundial, los precios de los metales cayeron y aún no se ha hallado la solución para recuperar los niveles de crecimiento que hubieron, en 2017 crecimos 2.5 % y el 2018 3.99 %, hay factores que lo explican, ninguno de los partidos que gobernaron pudo colocar un candidato presidencial en la elección siguiente, todos terminaron con niveles de aprobación muy bajos a pesar de las cifras de crecimiento, además no hicieron reformas y finalmente que la corrupción fue el común denominador de todos ellos, ya que el crecimiento no se notó en los bolsillos de la población.

La estrategia económica dio frutos, la pobreza monetaria se redujo de 48.6 % en el 2004 a 20.5 en el 2018, medida solamente en la capacidad de gasto de los peruanos, sin considera dimensiones importantes como el acceso a la educación, salud de calidad, igualdad de oportunidades y otras, se redujo la desigualdad de ingresos pero muy poco, la clave de esta complejidad es no solamente cómo generamos más crecimiento sino la correcta gestión de recursos de modo que la riqueza generada llegue a todos.

La corrupción generalizada de la que somos testigos genera desconfianza, si vemos a fiscales comprometidos con la corrupción denunciando a los que supuestamente la están combatiendo es que algo anda muy mal en el poder judicial, en el cual se ha perdido la confianza casi por completo, además hemos visto a los políticos con mayor entusiasmo dedicarse al pugilismo verbal que al trabajo efectivo, sin aplicar ninguna medida para ejecutar reformas, entregados a defender el sistema corrupto, y esta es una realidad que seguimos viviendo; no sabemos si el cambio de congresistas, pues en efecto lo hay, les permita generar una nueva clase política positiva.

A la población ya no se le puede sacar como cartas de baraja las cifras económicas si no ve mejorar su calidad de vida, cuando hay crecimiento yo hay buen manejo del gasto público por causa de la corrupción, se está fortaleciendo la clase política de los violentistas, ya sea quienes tienen aspiraciones en el sistema democrático como los del terror.