Odisea espacial

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En la década de los 50 del siglo pasado el mundo vivía uno de sus más difíciles capítulos con la llamada guerra fría, definida así por uno de los grandes estadistas, Winston Churchill; la segunda guerra mundial había hecho cambios sustanciales, Gran Bretaña dejaba de ser potencia mundial, Alemania derrotada había dejado un legado tecnológico inmenso con el desarrollo de su aviación y los primeros misiles exitosos; políticamente dejó a las nuevas potencias enfrentadas, la Unión Soviética y Estados Unidos; el objetivo era el predominio mundial y quien dio los pasos más efectivos fue la Unión Soviética al lograr el desarrollo de un cohete capaz de poner en órbita el primer satélite artificial, el primer ser vivo, el primer hombre, la primera mujer y la primera sonda lunar; el prestigio norteamericano estaba muy bajo y la primacía mundial estaba en juego; de allí que John Kennedy anunció en 1961 que en el plazo de 10 años Estados Unidos llevaría el primer hombre a la Luna.

El 16 de julio de 1969, luego de avances tecnológicos que concluyeron en el programa Apolo y a un costo de 25,000 millones de dólares, algo así como 140 mil millones actuales, despegó de Cabo Cañaveral la misión Apolo 11, con la expectativa de alunizar y que por primera vez un ser humano pise la luna; los héroes de las jornadas que siguieron fueron Neil Armstrong, comandante de la nave de 38 años, y el primero en descender de ella y dejar una huella de sus botas que probablemente aún perduran; Edwin Aldrin, de 39 años el segundo en descender y quien captó las imágenes que conmocionaron al mundo, imágenes de mala calidad por la tecnología de ese entonces, y Michael Collins de 38 años quien no tuvo el honor de pisar la luna porque debía conducir la nave espacial en ausencia del comandante; el día 20 de julio de 1969, 102 horas y 45 minutos después del despegue el llamado módulo lunar “Eagle” se posaba en la luna, poco después Armstrong escribirá esta historia moderna con una frase significativa que sigue resonando, “un pequeño paso de un hombre, un gran salto para la humanidad”.

Las guerras son el oprobio de la humanidad, para mayor oprobio son las temporadas en que la tecnología desarrolla con mayor rapidez, quizá el instinto destructivo del hombre de las cavernas siga anidando en nosotros; este gran desarrollo también se dio en el marco de la guerra fría, en la que varias veces se dio la posibilidad de algún incidente, incluso casual o trivial desatara la guerra nuclear que acabaría con la humanidad; aún hoy vemos esas máquinas fantásticas llamadas aviones de guerra, que cuestan más de 100 millones de dólares y cuya operación por hora supera los 50,000 dólares, ambicionadas por naciones incapaces de dar a sus ciudadanos una vida digna, del siglo XXI.

Hacen 50 años la maravilla de la tecnología llevó un hombre a la Luna, quizá por razones de prestigio mundial solamente, hoy ya se prevé que el destino del satélite sea como puente para llegar aún más lejos; planteamos el anhelo que la meta de la paz mundial sea el destino final de la tecnología.