Solidaridad nula

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Un niño ha muerto y todos los peruanos somos culpables porque el concepto de solidaridad es casi desconocido por nosotros, una sola acción hubiera podido salvarle la vida pero nadie la realizó, es una clara muestra de una sociedad insensible que caracteriza a Lima, la horrible.

Kevin Moreno Rivas era un niño de 10 años de los que se llaman con habilidades diferentes, autista, el cual se le consideró desaparecido el 28 de diciembre y fue hallado muerto el día 3 de enero, en el primer día ocurrieron los hechos que dieron como resultado su fallecimiento; el niño padecía Trastorno del espectro de Autismo en grado moderado, y vivía en la Asociación San Cristóbal en San Martín de Porres, su padre Teodoro Moreno Tarazona a la 1 y 30 del 28 de diciembre había dejado la puerta de su vivienda entreabierta al salir de compras en una bodega cercana, cundo retornó al no encontrar a su hijo inició una búsqueda por los alrededores de su barrio, incluso pidieron apoyo a la Comunidad Latinoamericana de Espectro Autista que la conforman  madres con hijos de la misma condición, sin resultados.

El mismo día Moreno y su esposa Irma Rivas denunciaron la desaparición de su hijo en la Comisaría de Pro, según la policía en ese momento se activó la alerta, y en ese momento empezó la cadena de insensibilidad que mató a Kevin, según los familiares la policía no solamente no colaboró en la búsqueda sino que tampoco tomó interés en el caso, aún advertidos que se trataba de un niño autista, ni siquiera dispusieron un patrullero para hacer un rastreo más efectivo, al día siguiente los desesperados padres concurrieron a la Depincri de Los Olivos por mayor información, sin resultados; ante la inacción de la policía la hermana del menor publicó en las redes sociales la situación, lamentablemente de allí en adelante solamente todo sirvió para reconstruir las últimas horas de Kevin y la confirmación que nuestra sociedad está aletargada.

Una joven contactó en las redes sociales y avisó que vio al niño en un bus de transporte público de la empresa Norlima, donde la cobradora quiso expulsarlo porque no pagaba su pasaje, ante la sugerencia que sea llevado a una comisaría la cobradora se limitó a decir que lo llevaría hasta el paradero final, lo cual sin duda ocurrió, puesto que otra mujer ese mismo día vio al niño solo en la playa Costanera, mirando el mar, le vio quitarse la ropa y adentrarse para tomar un baño, la misma persona horas después se presentó en la comisaría de Magdalena con las pequeñas prendas denunciando un presunto ahogamiento, seis días después agentes de la Unidad de Salvataje lo rescataron del mar, por supuesto ya sin vida, había recorrido desde San Martín de Porres hasta San Miguel, y en tan largo trayecto sencillamente nadie le brindó apoyo.

Un niño autista es identificable, no se comunica, muchas personas lo pudieron ver en su largo recorrido en bus por Lima, los policías debieron mostrar más interés, la cobradora que lo tuvo más cercanamente debió actuar en vez de abandonarlo, por desgracia esa es nuestra sociedad.