Estados Unidos ha concentrado una fuerza militar sin precedentes en Medio Oriente desde la invasión de Irak en 2003, con grupos de portaaviones, cazas, aviones de reabastecimiento y sistemas de defensa desplegados en múltiples bases regionales como parte de una estrategia para presionar a Irán antes de una nueva ronda de diálogos nucleares en Ginebra. La maniobra forma parte de lo que Washington describe como un esfuerzo combinado de “máxima presión”, que combina la potencia bélica con sanciones económicas dirigidas al sector energético y de misiles iraníes.
Teherán, por su parte, ha rechazado abiertamente la retórica estadounidense y ha señalado que cualquier ataque, incluso limitado, sería considerado una agresión que recibiría una respuesta contundente. La República Islámica también ha reiterado su compromiso con el diálogo indirecto en la capital suiza, aunque manteniendo una firme postura defensiva ante las amenazas de Washington y subrayando su derecho a desarrollar actividades nucleares civiles.
Además de la dinamización diplomática, la tensión se refleja en el terreno geoestratégico: tanto aliados de EE. UU. como facciones y milicias afines a Irán en países como Irak, Líbano y Yemen se preparan ante la posibilidad de una escalada mayor, lo que podría expandir el conflicto más allá de las fronteras iraníes y afectar rutas marítimas clave y mercados energéticos globales.
Fuente: La República


